Divinidad, pedidos a Dios

Intentar que la divinidad sea cómplice de nuestro egoísmo es una extensión de lo anterior.
Intentamos convencer a Dios de que haga nuestra voluntad, de acuerdo con cómo se nos ocurre que debe ser. Es como si quisiéramos torcerle el brazo para que esté a nuestro servicio. Más aún, al servicio de cualquier ocurrencia.

En este caso invertimos la actitud correcta y nos acercamos al pensamiento mágico, a creer que podemos manipular a los dioses para que actúen en nuestro favor, cuando la actitud correcta es presentarse con humildad ante lo sagrado para escuchar cuál es su voluntad respecto de aquello que nos aqueja.
Pedir que Dios cambie a alguien es una actitud que —aunque parezca inverosímil— muchos asumen.

Al pedir que alguien cambie dejamos de lado el aspecto más importante: ¿qué cambios podemos operar en nosotros para transformar la relación?
Aquí debemos distinguir entre dos actitudes. Un motivo de oración frecuente es que la divinidad ilumine o abra la mente de los gobernantes o quienes tienen posiciones de responsabilidad en la sociedad. Esto es válido, porque estamos hablando de la función y no de la persona.

Otro motivo frecuente es pedir que la divinidad bendiga, ilumine o sane a alguien. Esto también es válido, porque estamos intercediendo por la otra persona.
El problema es cuando pedimos que alguien cambie para que se ajuste a nuestros deseos o expectativas. En este caso se nos cuela el egoísmo y desconocemos que cada ser humano es único y goza de libre albedrío.

Si el problema se plantea en una relación, sea del tipo que fuere, es más acertado orar para comprender qué podemos hacer nosotros para introducir un cambio, o cómo podemos ver el conflicto con otra luz para que se disuelva.
En este sentido, la eficacia de la oración se notará en las actitudes que produce en nosotros.

Bendición y otros momentos de la oración

Bendición

Puede existir como un momento de la oración o puede tener identidad propia.
La bendición adopta muchas formas y fórmulas. Por lo general, la manera más sencilla de comprenderla es cuando aquel que dirige un momento de oración, pide a la divinidad que ilumine y permanezca con todos.

En el plano individual, la bendición puede estar dirigida a la misma divinidad o puede ser un pedido final, que prepara al orante para el momento del cierre de la oración y la salida a encarar nuevamente sus actividades ordinarias.

En este último caso, así como en el momento de la invocación se pide o se toma conciencia de la presencia de lo sagrado mediante un ruego o una declaración, en el momento de la bendición se pretende tomar conciencia de que lo sagrado continúa su presencia mediante un pedido, una afirmación o una expresión de deseo.
Es un momento de transición, una salida del estado de conciencia que produce la oración al estado de conciencia corriente, pero durante esta transición tratamos de que esa presencia de lo sagrado y ese estado espiritual producido por la oración permanezca con nosotros.

Otros momentos

Las clases o momentos de la oración que hemos repasado cubren casi todo el espectro del diálogo con la divinidad.
Sin embargo, hay otras clases de oración, en su mayoría fórmulas fijas, que cumplen funciones especiales. Las repasaremos en otra sección.