Confesión, arrepentimiento, reparación

Uno de los más grandes estudiosos del fenómeno religioso definió a lo sagrado como “misterio tremendo y fascinante”. Es decir, el encuentro del ser humano con lo sagrado provoca atracción y asombro, pero al mismo tiempo respeto y temor reverencial.

La alabanza y la gratitud se corresponden con el aspecto fascinante de la relación con la divinidad. Lo que sigue, con el aspecto tremendo.

Tras la invocación, la alabanza y la acción de gracias, ante la grandeza de la divinidad o del misterio, el ser humano posee una tendencia natural a sentirse confuso, pequeño o en falta, según los casos. Es natural que frente a lo que se considera santo, por contraste resalte aquello que no es santo.

El Islam, por ejemplo, prescribe una secuencia de abluciones antes de la oración, para que el fiel se presente limpio ante lo divino. En el judaismo tradicional, existe una sola oración que puede ser pronunciada polla mañana antes de higienizarse. Algunas religiones indoamericanas contemplan acciones de “limpieza” simbólica del cuerpo y alma antes y durante la oración. Las religiones orientales no exigen una limpieza física, pero hablan de la necesidad de purificación antes de lograr la unión con lo divino.

En el mismo sentido, el cristianismo considera que las faltas o pecados separan de Dios, actúan como obstáculos para el diálogo eficaz con el Creador.

Es por todo esto que una oración eficaz contempla un momento de confesión, arrepentimiento y reparación. En él, el orante reconoce sus imperfecciones y les pone nombre. Es decir, no basta con la sensación general de falta, sino que se tiene al menos la intención de reconocer cuáles son.

El reconocimiento lleva a ponerlas delante de la divinidad y confiar en su comprensión o pedir su perdón. Esta es la confesión.

El arrepentimiento significa tomar conciencia de la necesidad de un cambio de rumbo, proponérselo e intentarlo.

La reparación significa el deseo de superar aquello que es vivido como falta y al mismo tiempo la seguridad de que la divinidad perdona o devuelve la integridad del ser humano. De esta manera, el diálogo con lo sagrado queda reparado y restablecido.

Momentos de la oración: Invocación

La asociación más inmediata que hacemos con la palabra oración es la de súplica o pedido de algún don. Sin embargo, hay distintas clases de oración.
En rasgos muy generales, las tradiciones espirituales han considerado siete clases de oración:

  • Invocación
  • Alabanza
  • Acción de gracias
  • Confesión, arrepentimiento, reparación
  • Súplica o petición
  • Intercesión
  • Bendición

Cada clase de oración puede darse en estado “puro”: una oración que sea sólo de gratitud o de súplica. Pero lo más probable es que sólo las encontremos en estado puro dentro de un contexto ritual o litúrgico, cuando se sigue un orden lógico preestablecido. En la práctica común, lo más frecuente es encontrarlas juntas y hasta cierto punto entremezcladas. Por lo tanto, más que hablar de “clases” de oración, podríamos referirnos a siete “momentos” de la práctica de la oración.

Invocación

Llama a lo sagrado, invita a la divinidad, le implora que se haga presente.
Las grandes religiones o tradiciones espirituales del mundo llevan muy arraigado el concepto de que la divinidad está siempre presente en todas partes. Otras tradiciones creen que es necesario llamar a los dioses o espíritus para que se acerquen o salgan de su escondite.
Por este motivo, en las grandes religiones suele ser un momento en que se declara o recuerda de manera explícita que la divinidad está presente. En otras tradiciones se explici ta la voluntad de encuentro y diálogo.
En todos los casos, la función que cumple es la de hacer consciente al ser humano de que está en presencia de lo sagrado y que a partir de ese momento el espacio, el tiempo y la conciencia se consagran a él.