Pensamientos erráticos en la oración

Los pensamientos erráticos constituyen una de las mayores fuentes de oraciones ineficaces.
Imaginemos una conversación en que nuestro interlocutor comienza a desarrollar un tema, pero antes de que nos demos cuenta ha saltado a otro y luego a otro. ¿Acaso no resulta difícil seguir el hilo?

Así actuamos nosotros. Comenzamos con un propósito en mente, pero luego los pensamientos se desbocan, parecen seguir su propio rumbo detrás de cualquier cosa, y nos vamos tras ellos.
Para la mente occidental, constantemente bombardeada por estímulos, mantenerla concentración es una tarea cada vez más difícil.

Para evitar las divagaciones de los pensamientos erráticos que nos alejan de la actitud de oración se pueden intentar distintas soluciones.
Una de ellas es disponerse a orar con un propósito firme en la mente. Aunque sea simplemente, el propósito de orar.
Cuando notamos que nos hemos dejado arrastrar por pensamientos que nos alejan de nuestro propósito, no los juzgamos ni nos sentimos culpables ni caemos en el desánimo. Simplemente observamos esos pensamientos, reconocemos que están allí, y retornamos a nuestro propósito inicial o al tema que tratábamos mientras ocurrió la interrupción.
Con el tiempo, notaremos que nuestra mente está más entrenada y que mantener la concentración resulta más fácil.
Una ayuda es mantener un orden lógico dentro de la oración, que bien pueden ser los distintos momentos o clases de oración que hemos estudiado.
Otra ayuda son las fórmulas y oraciones fijas, que cada tanto nos ayudan a retornar al propósito inicial genuino.
Una ayuda más es la lectura de un salmo u oración escrita, a la que podemos ir intercalándole nuestros propios motivos.

Petición por otros: La intercesión

La intercesión es la petición por otros. En el momento de súplica, el orante pone en manos de la divinidad sus motivos personales o aquellos que lo afectan de manera directa, pero como individuo y una visión centrada en él o ella.

Esto no significa egoísmo o egocentrismo. Por el contrario, el solo hecho de volcar sus angustias, preocupaciones y necesidades ante una figura divina ya significa una salida de sí mismo.
La intercesión tiene un sentido comunitario o de solidaridad humana. Pedimos por otras personas, por sus necesidades y deseos, aunque éstos no nos afecten de manera directa, a veces ni siquiera indirecta. Lo hacemos porque formamos parte de la gran familia humana.

Durante la intercesión también se llevan delante de la divinidad los sucesos mundiales.

El efecto que tiene sobre nosotros el momento de intercesión es el de ampliar nuestra conciencia acerca del contexto en que vivimos. La angustia individual tiene lugar dentro de un marco comunitario o social, y con frecuencia traer ese marco a la conciencia nos ayuda a darle una nueva perspectiva a nuestra preocupación.

Por otra parte, todas las tradiciones espirituales enseñan que la preocupación por el prójimo y su bienestar cualquiera sea la forma en que éste es entendido forma parte del crecimiento espiritual.