Estar dispuestos a la oración

La disposición a recibir no siempre es la mejor.
Aunque parezca que la necesidad es acuciante o que estamos realmente convencidos de aquello por lo cual oramos, no siempre nuestra disposición interior es la mejor.
Para que la oración sea eficaz, necesitamos practicarla con una actitud receptiva y honesta. Pongamos un ejemplo: una persona desea un cambio laboral que le permita desarrollar su potencial. ¿Está preparada para ese cambio? ¿Está dispuesta a sobrellevar los primeros tiempos de privaciones e incertidumbres? En caso de que ese cambio implique una mayor cuota de responsabilidad en su trabajo, ¿está dispuesta a asumirla?

Con frecuencia suplicamos empujados por un impulso. Sin duda, deseamos aquello por lo que pedimos. Pero no tenemos en cuenta todos los aspectos que conlleva.
Otras veces pedimos sin darnos cuenta de que recibir lo que queremos traería aparejado un cambio de hábitos y actitudes que, en lo profundo de nuestro ser, no estamos dispuestos a abandonar.
La receptividad tiene muchos puntos de contacto con la entrega. Necesitamos estar listos para recibir aquello que deseamos.

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