La actitud del cuerpo y el esquema de la oración

El gran esquema de las cosas necesita acomodarse.

En concordancia con el punto anterior, necesitamos cultivar la paciencia y una visión amplia. Muchas veces el árbol no nos deja ver el bosque, por lo que al presentar un motivo de oración no tenemos presente el gran esquema de las cosas.
Antes de perder la paciencia o desencantarnos, necesitamos comprender que para hacer lugar a nuestro motivo de oración, muchas cosas concomitantes necesitan acomodarse. Nada sucede aislado ni cae del cielo, y aun si lo hiciera, lo haría dentro de un contexto y afectaría otras cosas cercanas y no tan cercanas.
Tal vez nuestra oración es oída, pero aún no ha llegado su tiempo de cumplimiento, pues para que esto suceda debe encontrar su lugar en el gran esquema de las cosas. Forzarlo sería contraproducente.

En consecuencia, una oración eficaz trata de mantener una visión amplia del contexto que la rodea y se adapta a los tiempos que la vida, en su sentido más elevado, le propone.
La actitud del cuerpo no carece de importancia.
A esto dedicamos toda una sección. Sin embargo, vale reforzar la noción de que la persona es una unidad de cuerpo, mente y alma.
Si la oración ha de ser honesta y eficaz, no podemos prescindir de expresar nuestros sentimientos. Tampoco de la concentración mental. Y así como no podemos prescindir de estas dos cosas, tampoco de prestar atención al cuerpo.

No podemos esperar siempre el momento de adoptar una postura relajada. La oración no siempre equivale a hermosos pensamientos y palabras floridas en posturas confortables. A veces nos retuerce, nos hace caer de rodillas o nos arroja al suelo
Si pretendemos una oración eficaz, debemos estar dispuestos a valernos de distintas posiciones de acuerdo con las circunstancias. O a no temer aquello a lo cual la entrega a la oración nos pueda llevar.

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