La oración y el palabrerío

El palabrerío. ¿Cuántos parecen creer que por hablar mucho la divinidad los va a escuchar más y mejor?
El torrente de palabras, la imposibilidad de poner freno al impulso de hablar y hablar posee dos efectos negativos.
Los maestros espirituales tanto de Oriente como indoamericanos señalan que el hablar mucho es un derroche innecesario de nuestra ener
gía interior. Una energía que, afirman, es necesario concentrar para cosas más importantes.

De hecho, la fisiología nos indica lo mismo. En el acto de hablar movilizamos una gran cantidad de músculos faciales. Esto demanda energía muscular y, sobre todo, nerviosa. Quienes se desempeñan en una tarea que exige el habla —por ejemplo, la docencia— conocen la fatiga nerviosa que esto produce.
Por lo tanto, no por hablar mucho la oración será más eficaz. Una buena comunicación no demanda muchas palabras, sino claridad y sinceridad.
El otro efecto negativo es que el palabrerío excesivo suele ser utilizado para encubrir la realidad, ya sea la realidad de un vacío interior o de una situación dolorosa o angustiante que preferimos no mirar.

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