La oracíón y la verborragia

La verborragia ahoga la voz de la divinidad

La verborragia no es sinónimo de elocuencia ni de buena comunicación.
La oración es un diálogo o una comunión con la divinidad, y todo diálogo supone la interacción de dos partes. Si hablamos sin parar, no damos espacio a nuestro interlocutor.
¿Acaso tenemos miedo de lo que Dios pueda decirnos? ¿De dónde surge la compulsión a hablar? ¿De una necesidad de autoafir mación delante de lo sagrado?
Un viejo proverbio dice que el creador nos dio una boca y dos orejas, para que aprendamos a escuchar el doble de lo que hablamos.

En consecuencia, durante la oración es necesario aprender a familiarizarnos con el silencio, de manera tal que podamos dedicar tiempo a escuchar.
En el momento de la plegaria existen preguntas cruciales. Una de ellas, la primera que nos viene a la mente y que es fuente constante de preocupación es: ¿Qué le digo a la divinidad y cómo?
Sin embargo, no menos importante y crucial resulta la pregunta: ¿Qué me está diciendo Dios?
Si nos entregamos a la verborragia, no es cucharemos aquello que lo sagrado tenga para decirnos.

Por lo tanto, para que la oración sea eficaz y tenga sentido es necesario aprender a alternar ei habla con el silencio.
Una buena práctica consiste en retrotraer la mente a intervalos regulares, detener toda acción y palabra de nuestra parte, y preguntarnos ;qué me está diciendo Dios?

Bookmark the permalink.

Comments are closed