Los NO de la oración

Desde el punto de vista del diálogo con la divinidad y de los efectos que produce, la oración es eficaz.

Sin embargo, existen descuidos o actitudes que atentan contra esa eficacia.

A continuación repasaremos actitudes y hábitos que vuelven desaliñada la vida de oración y, por lo tanto, no ayudan a su energía. Servirá, de paso, para recordar las actitudes positivas que sí contribuyen.

En el momento de oración debemos procurar una ininterrumpida comunión con la divinidad.

Por lo tanto, es preciso buscar un espado y tiempo donde podamos dedicarnos exclusivamente a orar, sin intrusiones.
Las intrusiones no sólo provienen del exterior. También pueden provenir de nuestro interior en forma de pensamientos desbocados.
La oración involucra sentimientos y emociones, pero tratemos de evitar los extremos.

La emotividad extrema no tiene nada de malo en sí y poder expresar nuestras angustias, miedos y preocupaciones resulta saludable. Sin embargo, si sólo nos dejamos arrastrar por esas emociones, la oración podrá convertirse en un círculo vicioso que nubla la vista y no permite ver la salida.

El otro extremo, la total aridez emocional, tampoco favorece la práctica de la oración. Sin sentimientos no hay comunión. Los sentimientos forman parte de nuestra vida y ocluirlos totalmente quita carácter genuino a la plegaria.

Ningún extremo es positivo, porque en uno perdemos perspectiva y en el otro perdemos autenticidad. Ni el énfasis exagerado en los sentimientos ni la aridez.
Una oración eficaz admite los estados emocionales, pero intenta balancearlos y darles su justa medida delante de la divinidad.

Bookmark the permalink.

Comments are closed