No hay que engañarse a uno mismo

El engaño de sí mismo es una de las formas más frecuentes de deslucir la propia oración.
El engaño se produce en aquellos momentos en que estamos convencidos de que nos entregamos, de que la oración es auténtica, de que estamos yendo por el buen camino, pero permanecemos ciegos ante nuestro propio egocentrismo, mal genio, envidia, celos u orgullo.

En más de una ocasión podemos sentir el deseo ferviente de orar. Sin embargo, un examen de conciencia nos llevaría a la conclusión de que nuestras motivaciones surgen de la envidia o el egoísmo.
Estamos tan centrados en nosotros mismos y nuestros deseos más inmediatos, que no tomamos conciencia del entorno, de los demás y de que a veces algo que parece un anhelo es sólo un capricho.
Una oración arraigada en el egocentrismo o en sentimientos negativos difícilmente pueda ser atendida.

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