Oraciones en la montaña

La elevación del terreno simboliza también la elevación de la conciencia y el espíritu. Por lo general, en la montaña la naturaleza no se brinda accesible y generosa. Por el contrario, se presenta como un desafío cuya conquista demanda esfuerzo y constancia. De allí la analogía con el crecimiento espiritual, que en muchos tramos requiere perseverancia y disciplina interior.
Sin embargo, la recompensa llega cuando podemos mirar abajo desde un sitio elevado y tener una perspectiva más amplia y abarcadora del mundo, sus formas y movimientos. En esto se expresa, nuevamente, la analogía con el mundo espiritual.
Además, aunque carezca de fundamento racional, en algún rincón de nuestro inconsciente colectivo aún percibimos que la montaña está “más cerca” del cielo.
La oración en la montaña, entonces, se tiñe con un tono de intencionalidad, disciplina, movimiento desde el plano “inferior” hacia un plano “superior”, retiro del mundo ordinario, elevación y proximidad con el orden eterno.

Bosque

Desde muy antiguo, los bosques también fueron elegidos como lugares aptos para el retiro y la oración. Al hablar de bosques, incluimos a las selvas.
En este caso, la naturaleza se manifiesta de manera más generosa, abundante, variada y exuberante. Está allí, visible sobre la faz de la tierra, al alcance de la mano. De allí que muchas celebraciones de los ciclos naturales tuviesen lugar en los bosques.
No estamos en un plano elevado por encima del mundo de los fenómenos. Por el contrario, estamos inmersos en él, como parte de esa naturaleza y diversidad.
Por otra parte, el bosque guarda un aire de misterio. Por mucho tiempo, y aún hoy, ha sido refugio y hogar de multitud de especies, algunas de ellas peligrosas para el ser humano. Para estas especies, es su hábitat, conocen sus secretos, mientras que el ser humano que se retira en el bosque no los conoce, es decir, se interna en territorio desconocido, donde la espesura no permite ver a mucha distancia y donde pueden acechar peligros, reales o imaginarios.
En el momento de la oración, entonces, el bosque mueve a la gratitud y la celebración de la generosidad de la vida, pero también conduce a la humildad mediante el reconocimiento del lugar pequeño que ocupamos en el ciclo de la creación, de nuestra fragilidad, de cuánto hay que no llegamos a ver ni oír. Como analogía, la espiritualidad es también un territorio desconocido en el cual nos sumergimos pidiendo la protección y guía de la sabiduría divina.

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