Pensamientos erráticos en la oración

Los pensamientos erráticos constituyen una de las mayores fuentes de oraciones ineficaces.
Imaginemos una conversación en que nuestro interlocutor comienza a desarrollar un tema, pero antes de que nos demos cuenta ha saltado a otro y luego a otro. ¿Acaso no resulta difícil seguir el hilo?

Así actuamos nosotros. Comenzamos con un propósito en mente, pero luego los pensamientos se desbocan, parecen seguir su propio rumbo detrás de cualquier cosa, y nos vamos tras ellos.
Para la mente occidental, constantemente bombardeada por estímulos, mantenerla concentración es una tarea cada vez más difícil.

Para evitar las divagaciones de los pensamientos erráticos que nos alejan de la actitud de oración se pueden intentar distintas soluciones.
Una de ellas es disponerse a orar con un propósito firme en la mente. Aunque sea simplemente, el propósito de orar.
Cuando notamos que nos hemos dejado arrastrar por pensamientos que nos alejan de nuestro propósito, no los juzgamos ni nos sentimos culpables ni caemos en el desánimo. Simplemente observamos esos pensamientos, reconocemos que están allí, y retornamos a nuestro propósito inicial o al tema que tratábamos mientras ocurrió la interrupción.
Con el tiempo, notaremos que nuestra mente está más entrenada y que mantener la concentración resulta más fácil.
Una ayuda es mantener un orden lógico dentro de la oración, que bien pueden ser los distintos momentos o clases de oración que hemos estudiado.
Otra ayuda son las fórmulas y oraciones fijas, que cada tanto nos ayudan a retornar al propósito inicial genuino.
Una ayuda más es la lectura de un salmo u oración escrita, a la que podemos ir intercalándole nuestros propios motivos.

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