Petición por otros: La intercesión

La intercesión es la petición por otros. En el momento de súplica, el orante pone en manos de la divinidad sus motivos personales o aquellos que lo afectan de manera directa, pero como individuo y una visión centrada en él o ella.

Esto no significa egoísmo o egocentrismo. Por el contrario, el solo hecho de volcar sus angustias, preocupaciones y necesidades ante una figura divina ya significa una salida de sí mismo.
La intercesión tiene un sentido comunitario o de solidaridad humana. Pedimos por otras personas, por sus necesidades y deseos, aunque éstos no nos afecten de manera directa, a veces ni siquiera indirecta. Lo hacemos porque formamos parte de la gran familia humana.

Durante la intercesión también se llevan delante de la divinidad los sucesos mundiales.

El efecto que tiene sobre nosotros el momento de intercesión es el de ampliar nuestra conciencia acerca del contexto en que vivimos. La angustia individual tiene lugar dentro de un marco comunitario o social, y con frecuencia traer ese marco a la conciencia nos ayuda a darle una nueva perspectiva a nuestra preocupación.

Por otra parte, todas las tradiciones espirituales enseñan que la preocupación por el prójimo y su bienestar cualquiera sea la forma en que éste es entendido forma parte del crecimiento espiritual.

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