¿Por qué creo en Dios?

Creo en Dios no porque lo haya visto, no porque salió un día a caminar y se me apareció con su figura humana, como todos los vemos en las ilustraciones, como nos lo muestran en cartas, en postales, en imágenes, en la televisión, ni siquiera la propia Iglesia.

No creo en un Dios con una figura humana tan real como la mía, pero en un Dios que brota de mi cuerpo, que sale de adentro mío y que entra por fuera por todos los lugares y espacios posibles. Pero en un Dios que está absolutamente en todos lados que es muchísimo más grande y más importante de lo que creemos, y que es un Dios que conoce todo lo que hacemos, aunque seamos millones y millones de personas en el mundo. Ese Dios sabe lo que los ciento, sabe ni sufrimientos, conoce mis vergüenzas y mis tradiciones. Las cuales no son pocas, y aunque tampoco sean muchas son suficientes para pedirle perdón diariamente, y pedir la ayuda para que me enseñe a ser una mejor persona, aunque sea un poquito todos los días.

Cree en Dios por todas las cosas que me pasan en la vida, no solamente las buenas, sino también las malas. Grande o por mi familia, por su belleza, creo en Dios porque veo sonrisas todos los días y por qué tengo la esperanza de seguir adelante cuando me levanto, aunque a veces no al de la suficientes razones, pero igual mi fe en él está intacta y por eso sigo. La creencia en Dios es una creencia ciega, desinteresada, incondicional.

Por todo esto es que creo en Dios.

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