Reflexionamos sobre la autocompasión

La autocompasión es el extremo contrario, tan vano como el anterior.

Regodearse en los propios problemas, en qué mal estamos, qué impotentes e insuficientes somos, no deja de ser una forma más de darse importancia.
Bajo el disfraz de la humildad y la conmiseración, puede esconderse una negativa a cambiar la situación presente o simplemente el rechazo a recibir bienes mejores.
La autocompasión indisciplinada socava la autoestima y, por consiguiente, inhibe la voluntad.

Las oraciones, entonces, resultan desinfladas, forzadas, con poca convicción o entrega.

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