Reflexiones sobre Acción de Gracias

La alabanza conduce nuevamente dentro de una secuencia lógica a la gratitud.
La gratitud es una actitud positiva que nutre el alma y la buena disposición interior. Casi todas las tradiciones espirituales del mundo insisten en que la salud espiritual y buena parte de la salud física y emocional de una persona se ve fortalecida cuando encaramos cualquier actividad o apreciamos cualquier hecho con una actitud de agradecimiento.

En el caso de la oración, muchas son las cosas por las cuales podemos agradecer a la divinidad, desde hechos que damos por sentado, como que el sol salga todas las mañanas o que al abrir el grifo contemos con agua potable, hasta encuentros, aprendizajes y logros de la vida.

Como ejemplo de la manera en que la gratitud afecta nuestro punto de vista y disposición interior, podemos citar a algunas tradiciones protestantes en las que, cuando alguien fallece, en vez de llevarse a cabo un ritual fúnebre, se realiza un servicio de acción de gracias por la vida de quien ha partido.

Más aún que la alabanza, la acción de gracias tiene el efecto de brindarnos una perspectiva más amplia y una base segura desde la cual expresar la súplica. Si la alabanza tiene un carácter general, podemos decir que la acción de gracias siempre es más personal. El orante agradece a la divinidad por lo que él o ella percibe como dones que le han sido otorgados para disfrutar.

En definitiva, la gratitud abre el corazón, y al abrirlo, despeja también nuestra disposición a recibir.

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