Una reflexión sobre la oración

Como hemos visto, los lugares y entornos pueden influir en el tono de la oración y en la disposición del orante. Se complementan y, entre todos, enriquecen la práctica de la oración.
Sin embargo, dijimos al principio que el lugar no es esencial. Necesitamos aprender a estar dispuestos a elevar nuestras plegarias allí donde las circunstancias nos lo exijan. Y estas circunstancias pueden indicarnos los sitios más inverosímiles o los menos —en apariencia— sagrados: oficina, medio de transporte, la calle o bajo la ducha.

Un ejemplo de disposición a orar en cualquier lugar lo dan los musulmanes. Como deben observar horarios de oración obligatoria, muchos llevan consigo una pequeña al fombra o esterilla. Cuando se hace la hora de la plegaria, allí donde estén les basta desplegar su alfombra o esterilla para contar con un lugar “separado”, un suelo consagrado donde prosternarse y orar.

Otras culturas no lo ven como necesario, pero el ejemplo nos transmite un mensaje esencial: todo lugar es apropiado si la disposición interior es buena.

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